El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —¡Maldito sea! —murmuró—. ¡Dios mÃo!, qué terribles sentimientos provocó en mÃ, mas, aun cuando estaba medio embriagada, se hallaba en perfectas condiciones para defenderse. Pude verlo claramente. Y, sin embargo, yo… Los celos me convirtieron en un malvado. ¡Si me hubiera estado besando a mÃ… me habrÃa parecido celestial! ¡Ha sido un trance terrible para Lance Sidway!… Bien; Madge, como quiera que seas, eres Ãntegra… y eso es bastante para sacarme del infierno de los tormentos.
Lance se enderezó y se estremeció un poco por la frialdad del ambiente bajo la indiferencia de las estrellas. Aquél era el fin de su amor secreto. Y nunca volverÃa a haber un nuevo amor en su vida, estaba seguro de ello. No parecÃa posible que algún hombre, y mucho menos él, pudiera ver a Madge Stewart como él la habÃas visto, y llevarla en sus brazos, y besarla con tanto apasionamiento, Y enamorarse de otra mujer.
Lance comenzó a descender hacia su dormitorio del rancho mientras intentaba reunir las hebras de la información que habÃa obtenido de Bonita. HabÃa luz en la habitación de Nels. El reloj dijo a Lance que faltaba menos de una hora para que naciese el dÃa. El vaquero entró precipitadamente en el dormitorio del viejo ganadero, que estaba desnudándose.
—Nels, ¿está usted sereno? —preguntó Lance.