El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Oye, cocainómano del demonio: ¿estás tan ofuscado o eres tan tonto que supones que te vas a librar de lo que te amenaza? —gritó Ren con el rostro rojo de cólera. Stewart pensó que estas palabras del vaquero establecÃan un terrible antagonismo entre él y el gángster de ojos de acero y rostro frÃo, en tanto que Nels se mantenÃa en una silenciosa situación de hombre implacable. Stewart sabÃa que ya podÃa considerarse a Uhl como muerto, aun cuando el gángster no tuviera ni la más ligera sospecha de ello. Stewart experimentó una intensa curiosidad por aquella especie de pistolero. Su propio e inflexible odio, al desaparecer el temor que experimentaba por Madge, se hizo más gobernable.
—Dejadme que hable con este hombre… Vosotros muchachos, atad al otro —dijo mientras se aproximaba al gángster. Nels no habÃa movido ni una sola pulgada su pistola de la posición en que la habÃa colocado primitivamente.
—Uhl, usted ha insinuado que Sidway está complicado en este asunto del secuestro de mi hija. ¿Cómo es eso?
—Es un espÃa de Cork. Conozco a ese pajarraco. Conocà a Sidway en Yuma. Condujo uno de mis camiones de contrabando de bebidas alcohólicas.
—¡Ah! ¿Uno de esos camiones que regresan con una carga de ganado robado, eh?