El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Deben de andar cerca de por aquÃ. Los caballos no abandonan voluntariamente un terreno con tanta hierba y tanta agua como éste.
Stewens se recostó sobre un fardo, envuelto en una manta. TenÃa húmedo el cabello.
—Rollie, también usted ha tomado parte en el ahorcamiento —dijo Stewart—. ¿Cómo se encuentra usted?
—Muy asustado… y sin embargo, satisfecho —contestó el estudiante débilmente—. Incluso, por mi participación en la ejecución. ¡Eso ha sido una cosa estupenda!
—Bueno, anÃmese. Todo marcha muy bien. Y hemos tenido mucha suerte hasta ahora.
Después se habló muy poco; y absolutamente nada acerca de la tragedia. Los vaqueros trajeron un montón de leña suficiente para alimentar la hoguera durante el resto de la noche. Stewart pidió a uno de ellos que fuese a buscar las ramas cortadas que habÃa en la cabaña, con las que preparó una cama para sÃ. Starr fue el único que no fumó. Permaneció de espaldas al fuego, con la cabeza inclinada. Stewart comprendió cuáles eran sus sentimientos. El viento de la noche entonó su canción entre las ramas de los pinos, y los coyotes ladraron en la lejanÃa. A pesar de la extrema fatiga que le agobiaba, Stewart no logró dormir inmediatamente. Las estrellas parecÃan burlarse de sus tribulaciones.