El Rancho Majestad

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Los automóviles y los camiones que iban y venían pasaban junto a Lance de vez en cuando. La parte más nutrida del tránsito era la que se dirigía hacia el Sur. El joven no vio el gran automóvil negro de Uhl. En cierta ocasión, miró hacia atrás con la esperanza de ver el coche que le seguía en la larga recta de más de media legua de extensión que había quedado a su espalda. Mas no puedo descubrirle.

El conducir un camión no le; permitía prestar tanta atención n a los paisajes que pasaban a su lado como cuando cabalgaba agradablemente en Umpqua. Sin embargo, el trabajo y la concentración a que le obligaba, y el recuerdo de las peculiares circunstancias que le habían conducido a su aceptación, hicieron que el tiempo volase. Casi curtes de que pudiera darse cuenta de ello, estaba subiendo la tortuosa pendiente que cruzaba Bisbee, mientras esperaba ansiosamente que se produjera la detención que se le había anunciado. Hacia media tarde cruzó el pintoresco Tombstone, en las afueras del cual se detuvo para adquirir gasolina. Lo que le obligó a cambiar el billete de cien dólares que Uhl le había entregado. El hombre que se hallaba de servicio en el surtidor, un hombre de mediana edad y evidentemente del Oeste, retiró la mirada del billete y la dirigió a Lance.

—He visto en otras ocasiones billetes como éste… y también ese camión que conduces. ¿Y tu compañía?


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