El Rancho Majestad
El Rancho Majestad El estridente sonido de una sirena distrajo la atención del joven, así como la de los estudiantes. Al volverse Lance vio un flamante roadster[1] descubierto que daba la vuelta procedente de la calle principal. Su conductor era una muchacha que llevaba la cabeza descubierta y que poseía un cabello tan brillante como si fuera de hebras de oro. En aquel momento, la muchacha doblaba el brazo izquierdo que anteriormente había extendido. Tras ella corría el automóvil del ruidoso claxon. Uno de los dos ocupantes de este vehículo, que debían de ser policías, gritaba a la joven ordenándola que se detuviera. Ella se tomó el tiempo que estimó prudente para hacerlo y, después de pasar delante de Lance, hizo alto, a la sombra del primer grupo de árboles, donde se habían congregado unos seis u ocho estudiantes. Lance no tenía que caminar mucho para llegar hasta ellos, por lo que, curioso e impaciente y un poco enojado por los descorteses gritos del policía, pudo llegar a tiempo de oírle.
—¿Por qué no se detuvo usted?
—Ya me he detenido —replicó fríamente la automovilista.
