El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —SÃ, madre —afirmó él en tanto que apretaba la mano rugosa que se aproximaba a él como si intentara comprobar que aquel ser que tenÃa ante sà era de carne y hueso; después Bobby atrajo la atención de Pan—. ¡Oye, granujilla, deja eso! Es mi revólver… Es una mala señal, madre. A Bobby le interesa tanto mi revólver como a mà me interesaban los caballos… Bobby, es más fácil y más seguro jugar con los caballos —que con las armas… Madre, tenemos que hablar de más de un millón de cosas; pero dejaremos por el presente la mayorÃa de ellas. Dices que Alice está en la escuela. ¿Cuándo vendrá a casa?
—A última hora de la tarde, Pan —respondió la mujer dubitativamente—. Luty vive ahora con nosotros.
—SÃ, la vi ahà fuera —replicó Pan, respirando profundamente—. Pero hablemos de papá antes que nada. No he tenido mucho tiempo vara hablar con él. ¡TenÃa tantas ganas de verte! ¿Está bien de salud papá?
—Está bastante bien. En realidad, hace el trabajo de dos hombres. Las preocupaciones le torturan bastante.
—Hemos de hacer todo lo posible por animarle. He oÃdo en Littleton hablar un moco de la mala suerte de papá. Ahora, dÃmelo todo.