El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes Los dos caballos que restaban, pertenecientes a Hardman y Purcell, relincharon sonoramente al ver correr a sus compañeros, y se dispusieron a seguirlos.
La rápida mirada de Pan descubrió que en la silla de uno de ellos habÃa un rifle. Quiso correr para apoderarse de él, pero hubo de detenerse y de aproximarse cansadamente al caballo. Sin embargo, consiguió agarrar el rifle, un Winchester, que estaba por completo cargado.
Blinky, viendo el acta de Pan, lo repitió con el otro caballo.
—Compañero, no creo que esos fugitivos se decidan a acometernos, ni siquiera desde algún lugar oculto —dijo Blinky—. ¡Por Satanás! Este caballo debe de ser el de Purcell. Es seguro. Tiene los estribos demasiado largos para Hardman. Y la mochila está llena de municiones.
—Corre a lo largo de la cerca para ver la dirección que han tomado esos hombres —ordenó Pan.
—Ahora podrÃa combatir yo solo contra todo el equipo —declaró fieramente Blinky.
—Procura mantenerte alejado de su vista —le ordenó Pan.
Después de oÃr estas palabras, Blinky, murmurando en voz baja, atravesó el montón de hojarasca y desapareció muy pronto.
