El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes Cuando los caballos salvajes salieron del estrecho paso qué formaban la parte inferior del risco y la pendiente, intentaron esparcirse. Los jinetes hubieron de trabajar duramente. Corriendo, disparando, gritando, agitando las cuerdas, consiguieron que los caballos avanzasen y se reuniesen. Los animales comenzaban a aprender a correr sólo con tres pies e intentaban huir. Cuando la situación se había hecho más crítica, llegaron a la cerca de cedros, la mitad de la cual había sido quemada por los resentidos compinches de Hardman, y esta obstrucción constituyó una ayuda para los caballistas. Una vez que estuvieron reunidos nuevamente en un grupo compacto, los caballos salvajes fueron más fáciles de manejar.
Cuando Pan llegó a fa altura de la pendiente que conducía al exterior del valle, volvió la cabeza para mirar por última vez el memorable lugar; y con gran sorpresa y mayor deleite vio casi tantos caballos salvajes como había antes del acoso.
—Me estoy volviendo muy avaricioso —murmuró—. Aun cuando he tenido mucha suerte, querría quedarme aquí para realizar un nuevo acoso.