El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes La señorita Amanda Hill, la maestra, tocó la campana para llamar a los colegiales, y la clase comenzó una vez más.
Dick Hardman se sentaba al otro extremo de la misma estancia que Pan, y desde detrás de la espalda de la maestra comenzó a hacer visajes dirigidos a Pan; y, lo que fue más importante, se puso el dedo pulgar ante la nariz y lo movió despectivamente. Pan comprendió lo que aquello quería decir, y, con la rapidez del relámpago, devolvió el cumplido.
Llego el descanso. Antes de que la mitad de los colegiales hubiera salido de la clase, Dick y Pan habían ya corrido hacia el granero, donde la maestra no podía verlos y donde se acometieron mutuamente como gatos enfurecidos. No necesitó Dick mucho tiempo para dar a Pan la verdadera primera paliza de su vida. El labio partido, la nariz ensangrentada, el ojo morado, la sucia cara, la rota blusa… fueron cosas que denunciaron a Pan, por 1o menos a los ojos de la maestra. La mujer le retuvo a su lado cuando la clase concluyó, y, en lugar de regañarle, le habló con dulzura y amabilidad. Pan salió de su estado de hurañía y comenzó a experimentar cariño por la maestra. Pero, de todos modos, no nudo prometer que no volvería a luchar.
