El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —PodrÃa estar vivo todavÃa, pero hacÃa mucho que se hallaba inconsciente. Asà estaba cuando pasé junto a él en el vestÃbulo. No es preciso que se lo digas a Luty. LimÃtate a decirle que Hardman ha muerto y que yo no lo maté.
—Muy bien, voy a hacerlo ahora mismo —contestó su padre sombrÃamente.
—Antes de hacerlo, ve a buscarme unas mantas. No tenemos camas. La esposa de Blinky está con nosotros.
—¿Esposa? No sabÃa que Blinky estuviera casado. Tráela a casa. Haremos sitio para ella en cualquier habitación.
—No. Ya hemos, encontrado un dormitorio para ella en el carro que tiene el techo cuadrado —continuó Pan—. Ha estado enferma. Corre, padre. Tráeme las mantas.
—Las tengo aquà mismo. He comprado varias nuevas —dijo Smith mientras abrÃa la puerta y entraba corriendo en la habitación.
—¡Madre…! —gritó Pan—. Todo marcha bien. Nos marcharemos mañana por la mañana temprano.
Su padre reapareció con un montón de mantas. Pan encontró a Blinky exactamente del mismo modo que le habÃa dejado, inclinado ante el carro.
—Blinky, cúbrela con un par de estas mantas —indicó Pan a su amigo.