El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes A la llegada del otoño sufrió la decepción de verse privado de las ganancias de aquel largo verano; y se encontró sin trabajo y sin dinero. No quiso hacer el camino hasta su hogar pidiendo protección y comida en los ranchos que hallase a su paso, por lo que decidió colocarse en casa de un ranchero de Montana. De este modo comenzó a despreciar los amarillos desiertos de aquel estado meridional, las agudas ráfagas de aquel penetrante viento, el hielo y la nieve. La primavera lo encontró cabalgando hacia el Sur, hacia los terrenos que había abandonado. Pero las corrientes de la vida le arrastraban, con el rápido paso de los meses, tan velozmente como los caballos mesteños que montaban; y no llegó a su hogar. El Cimarrón, el Platte, el Arkansas lo vieron en sus llanuras y en sus valles, donde los cascos de sus caballos se marcaron en todos los caminos; y después de haberse alejado, lo recordaron como a ningún otro vaquero.