Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Acerque la oreja y escuche —prosiguió Hank—. La lección que di a aquel avaro estuvo bien merecida, pero fue una imprudencia, atendiendo a que ahora tengo toda la carne puesta en el asador. Si no se tratara de un mormón, estarÃa yo tranquilo. Preste atención a lo que digo: Hace poco que estoy a sueldo de un ranchero de las montañas Henry. Es un aristócrata inglés, con más dinero que juicio, y más loco que una cabra. Enamorado del paisaje, ha comprado diez mil cabezas de ganado y una porción de caballos. En su casa ha reunido varios equipos de cowboys, entre los que hay algunas cuadrillas de bandidos. El inglés, cuyo nombre es Herrick, se propone contratar a todos los hombres de pelo en pecho, sean vaqueros, tiradores o bandidos, para tener a raya a toda la comarca con tan selecto personal. ¿Qué le parece la idea?
—Muy nueva por lo menos, pero poco práctica, a menos de que tenga medios para reformar a los malvados —contestó Jim con interés.
—Justamente, pero a mà me importa poco el que sea práctica o no. El inglés se ha aficionado a mi persona, y me ha nombrado su administrador, enviándome a reclutar a todos los mozos crúos[1] que encuentre, y como usted tiene todas las trazas de serlo, el haberle encontrado creo que será una suerte para los dos.
—Me toma usted por un aventurero que sabe manejar un caballo y hacer blanco a cada tiro, ¿eh?
