Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Eso importa poco, y lo que os digo es que este inglés tiene bastante dinero para traer la Ley a este rincón desierto si se le antoja. Hank, ya sabes que yo he sido contrario a nuestra venida aquÃ, y sigo siéndolo.
—Digo lo propio —intervino Brad.
—Bueno… Ya pediré vuestra opinión… cuando la necesite. Pero Smoky refunfuña contra el nuevo compañero, y eso es más grave… Vamos a ver, Jim, ¿puedes decirnos algo respecto de tu vida?
—Estoy dispuesto a contestar, a menos que las preguntas sean de mal género —declaró Wall con franqueza.
—¿Dirás la verdad? —preguntó vivamente Slocum.
—La diré… si es que contesto —repuso con lentitud el joven.
—¿Cómo has llegado a formar parte de la banda de Hays? —empezó Slocum.
—Con la mayor facilidad —repuso Wall con desenfado—. Nos encontramos junto al transbordador que atraviesa el RÃo Verde. Un tercer viajero reunióse a nosotros, un tacaño mormón, que por poco ahoga sus caballos para ahorrarse unos centavos. Hank le atracó.
—¡Asà me coman las pulgas! —exclamó Slocum—. ¡A dos pasos de la ciudad…!, y precisamente a un mormón.