Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —¡Bah! Con eso no puede usted emprender negocio en los ranchos… El ganado abunda entre este rÃo y las rompientes del Diablo Sucio… También en las montañas de Henry… Hay muchos equipos por allá.
¿Mormones?
—Mitad por mitad… Estamos en Utah y por aquà no son tan numerosos… ¿Es usted vaquero?
—¡No! —contestó con cierta tristeza el joven.
—¡Bueno…! Como forastero no deja usted de ser franco —repuso Hays, que evidentemente vio en la rotunda negativa algo muy significativo—. ¡Hola…! ¡Otro jinete…! Pues ¡no está poco concurrido este desierto!
Por el extremo visible de da carretera apareció un hombre bajo y gordo, montado sobre un caballo y llevando de reata otros dos de carga.
—Le dejé atrás no hace mucho…; ya tenemos aquà al hombre del transbordador… Parece un buen muchacho.
—¡Buena vista, amigo…! Por fin podremos cruzar…
Nuestro joven dirigió una ojeada al hombre de los caballos, volviendo después la vista a la embarcación.
