Huracán
Huracán Y durante tres días no volvió Slone a ver a Huracán. El primer día lo pasó entero subiendo por aquel cañón. Al segundo hizo una marcha lenta de treinta millas por unos bosques de cedros enanos y pinos, y tras estos boscajes se veían las amarillentas moles del cañón. Aquella noche Slone encontró un hoyo con agua en una concavidad de piedras y un poco de hierba para Nagger. Al tercer día anduvo treinta millas lo menos por bosques de pinos en terreno horizontal, cuyo aire era fragante y seco; mas por allí no se gozaba de los frescos y bellos parajes de la selva que quedaba al lado norte del cañón. La extraña característica de aquella parte de la región era que las aguas, en vez de encauzarse, se desbordaban. Slone hizo alto aquella noche en un pantanoso lugar lleno de barro que mostraba claramente las huellas de Huracán.
