Huracán
Huracán ESTABA Slone sonriendo gozosamente, cuando al mismo tiempo que por Oriente aparecía el primer tinte rosado, una ligera brisa le acaricio el rostro. Lo único que a sus planes convenía era un poco de viento oeste, y aquello era un buen anticipo.
Todo el valle aparecía brumoso a causa de las lentas ondas de humo que se desprendían de la línea que limitaba el fuego. La luz del nuevo día iba haciendo palidecer las llamas que devoraban la hierba, y Slone distinguía aquí y allá vacilantes llamaradas de un rojo oscuro. El garañón salvaje no se apartaba del centro del valle, aún no invadido, y se volvía a uno y a otro lado, lleno de impaciencia, pero nunca miraba el humo. Slone estaba seguro de que Huracán iba cediendo terreno al paso que el fuego avanzaba hacia él.
Por momentos, la brisa refrescaba y se hacía más fuerte y seguida, hasta que Slone empezó a ver que su soplo empujaba los nubarrones de humo que se apelotonaban lentamente en el valle. Llego un momento en que la larga línea de fuego se reavivo de lado a lado de la hondonada.
