Huracán
Huracán TAMBIÉN por vez primera en su vida, Bostil observó que su negocio de compraventa de caballos empezaba a resultarle desagradable. Aquel viaje a Durango fue un fracaso. OcurrÃa algo que no acababa de explicarse. Estas ideas cruzaban por su mente, mas él se esforzaba en no hacerles caso. Y durante los cinco dÃas del viaje de regreso volvió a apoderarse de el aquel humor extraño.
El último dÃa, tanto él como sus compañeros recorrieron más de cincuenta millas y llegaron al Vado a altas horas de la noche. Nadie los esperaba, y solamente los que estaban de guardia en los corrales pudieron enterarse de su regreso. Bostil, muy satisfecho de verse de nuevo en su casa, se acostó y se quedó dormido.
Se despertó bastante tarde, contra lo que tenÃa por costumbre. Una vez se hubo vestido y salió a la cocina, supo que su hermana estaba ya enterada de su regreso y que, por consiguiente, ya tenÃa preparado el desayuno.
—¿Dónde está la niña? —preguntó Bostil.
—No se ha levantado todavÃa —contestó la tÃa Jane.
—¿Cómo?
—LucÃa y yo tuvimos una disputa anoche, y ella, muy enojada, se metió en su habitación.
—No es cosa rara en ella.
