Huracán
Huracán EL dÃa en que el viejo Creech reconvino a su hijo por haber mentido, Slone salió de casa de Brackton y tomo el camino de su cabaña.
Empezó a sentirse malhumorado, como si las cosas no marcharan como se habÃa figurado. ¿Qué habÃa ocurrido para apartar la copa de sus labios? ¿Acaso lamentaba el verse libre de toda culpa ante los ojos de los habitantes del pueblo o que las sospechas recayesen entonces en el padre de LucÃa? No. Lo sentÃa por la joven, pero no por Bostil. No era, pues, el nuevo aspecto de la situación en el Vado lo que le apuraba.
Siguió la pista de sus vagas sensaciones hasta llegar al débil sobresalto que sintió al mirar el rostro sombrÃo y hosco de Creech. Era como el semblante de una Némesis. En aquel hombre todo respiraba fuerza silenciosa y vengativa. Slone quiso averiguar la razón de que aquello le causara cierta opresión y asà se dijo que cuando el viejo Creech quisiera vengarse de Bostil lo harÃa por medio de su hija y de sus caballos.
Slone, pues, y gracias al amor que sentÃa por LucÃa, adivino todo lo que iba a ocurrir. Ni por un momento pensó, como lo hiciera antes del regreso de Creech, que éste querrÃa matar a Bostil. La muerte no serÃa ninguna venganza. Lo mejor serÃa que Creech robase a King y lo dejase morir de hambre o que hiciese lo mismo o peor con LucÃa. Asà reflexionaba Slone al recordar el rostro de aquel hombre.
