La Caravana perdida
La Caravana perdida —¡No! Eso servirÃa para que la banda se dividiese. Lo mismo si te gusta como si no, Texas te dispararÃa mi tiro cuando se lo indicaras. ¡Dios mÃo! Ese Texas puede ser el hombre más despiadado cuando se trata de combatir, pero no olvides que fue predicador. No querrÃa tolerarlo. Waldron ha muerto. Creik, el maldito negrero, seguramente aceptarÃa tu proposición. Pero, después, quedo yo; y yo no quiero... ¡No lo olvides!
—Entonces... no me importa. De todos modos, continuaré con ella solo —declaró Leighton en un inmotivado arrebato de cólera.
—Bueno, me parece muy bien —dijo Sprall mientras reÃa groseramente— porque entonces morirás tú solo.