La Caravana perdida
La Caravana perdida La primavera llegó muy tempranamente aquel año de 1863 a Fort Union. Había habido con anterioridad un viento desacostumbradamente templado en las montañas de Colorado y Nuevo Méjico. El gran negocio del comercio de pieles había atravesado su época de mayor esplendor unos años antes. Sin embargo, todavía desarrollaban una gran actividad los tramperos que trabajaban por su cuenta. La temporada había sido muy favorable para ellos y un centenar de cazadores, o acaso más, surgió de las montañas cargado de pieles. Los castores eran aún los más solicitados, mas las pieles de marta, zorro, visón y nutria, alcanzaban altos precios.
Había en el fuerte diez tramperos indios por cada trampero blanco; y como quiera que era más fácil entenderse con aquéllos que con éstos, los comerciantes recogieron una buena cosecha de negocios. Tullt y Compañía compraron cien mil pieles aquella temporada.