La Caravana perdida
La Caravana perdida —¿,Qué deduces de todo esto? preguntó al fin Latch.—Greer es un yanqui muy torpe —replicó Cornwall despectivamente—. Pero ese otro, Kit Carson, tiene todos los atractivos del Oeste en sÃ. Me ha agradado mucho. ¡Qué modo de taladrarme con la mirada...! Supongo que Greer vino con el fin de estudiarle a usted... Pero nadie podrÃa haberse conducido mejor que usted. Es, usted un maestro en el arte del disimulo, coronel. La idea de hablar de Maxwell fue prodigiosa. Con ella se ganó usted la buena voluntad de Carson. Y eso de tener la casa abierta para todos los hombres de la frontera... ha sido de un efecto formidable. Pero desde hoy en adelante, usted es... un hombre señalado.
—¡Por Dios, que asà es! —exclamó Latch—. También a mà me ha agradado Carson..., el más grande de todos los occidentales... ¡Y yo, Stephen Latch..., el extremo opuesto..., el más bajo, el: más vil, el más despreciable de todos los proscritos del Oeste...!