La Caravana perdida
La Caravana perdida —Eso es lo que él me preguntó. Le dije que iba a venir a llamarle a usted. Leighton cree que usted me ha incluido en el grupo de los que han de ir en busca del ron... No, no me justifico, coronel. Lléveme usted, o déjeme aquÃ. Me da lo mismo.
—Cornwall, tengo la impresión de que tanto si peleamos contra los indios como si hacemos amistad con ellos, lo mismo si asesinamos a los componentes de una caravana que si nos portamos honradamente, igual si vamos al infierno que si no vamos, a ti todo te da lo mismo.
—Siempre estaré a su lado, coronel.
Latch supuso que el joven proscrito habÃa respondido a cierta inclinación nacida ante la inevitable disensión de la banda. HabÃa un algo indiferente y temerario en él que atraÃa a Latch.
—He aquà mi mano, Cornwall —dijo Latch—. Supongo que habrás observado que jamás se la he ofrecido a Leighton ni a ningún otro miembro de la banda.