La Caravana perdida
La Caravana perdida La alegría de Latch por el regreso de Estelle, el precioso tesoro por quien había trabajado, luchado y vivido, disminuyó la importancia de los contratiempos que le asaltaban.
Con la hija de Cynthia en la casa, que andaba continuamente de un lado para otro, mandando y pidiendo, cantando nuevas canciones, gritando con placer al jugar con sus amigas, revelando de mil maneras diferentes su amor por él, el espíritu de Latch se reavivó y llegó a su primitivo nivel. Cynthia tenía dieciocho años cuando él la conoció, y era una jovencita reservada y digna. Esta alegre e importunadora chiquilla le recordaba continuamente a su madre. Su voz y su boca eran las mismas de Cynthia.