La Caravana perdida
La Caravana perdida —Eso parece muy conveniente en el primer momento, pero no lo es tanto como aparenta.
PodrÃa servirnos para rechazar a un grupo de injuns que se lanzase al ataque, o también a un grupo de forajidos blancos, en el caso: de que luchasen del modo que es costumbre entre los hombres de la frontera. Pero unos piel-rojas que estén medio embriagados nos derrotarán. Se arrastrarán como culebras entre la hierba... Es, preciso matarlos: para que se detengan.
—Los rifles que traemos son de cámara turnante, del tipo Colt. Disparan siete tiros, en dos minutos.
—¡Bien! Entregad a cada hombre dos rifles y muchas municiones. Llevad a las mujeres y los niños al interior de los carros. Luego, todos nosotros, en grupos de dos hombres, nos extenderemos por todo el cÃrculo, debajo de los carros, nos tumbaremos en el suelo y esperaremos. Vamos a luchar por nuestras vidas, compañeros. Nuestra única esperanza descansa en la posibilidad de mantener a los indios fuera de nuestro cÃrculo. Pensad en los pequeñuelos y en sus madres. No podemos predecir lo que puede suceder... Hemos de hacer que prospere la única posibilidad que tenemos de salvarnos, contra mil...