La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Luego se oyó el rápido ruido de botas al pisar la blanda tierra. Una forma oscura cruzó el espacio iluminada por las fogatas y, de pronto, un guardia rural fue a situarse al lado del centinela. Duane oyó que hablaban en voz muy baja, aunque no pudo enterarse de sus palabras. El segundo guardia profirió una ahogada exclamación y, dando media vuelta, echó a andar.
—Oiga usted guardia, antes de que se aleje quiero decirle una cosa. Mi visita es pacífica y hasta amistosa si ustedes lo permiten. Recuerde que me invitaron a venir aquí… después de oscurecer.
La voz clara y penetrante de Duane llegó a gran distancia, de modo que los guardias que había junto a la hoguera oyeron perfectamente lo que decía.
—¡Oye, Pickens! Di a ese individuo que aguarde —replicó una voz autoritaria.
Entonces surgió una esbelta figura del oscuro y movible grupo de hombres que había ante el fuego, y avanzó presurosamente.
—¡Tenga usted cuidado, capitán! —gritó un guardia, deseoso de ponerle sobre aviso.
—¡Callaos todos! —replicó el jefe.
Éste, que sin duda era Mac Nelly, en seguida se reunió con los dos guardias que se hallaban ante Duane. No demostraba el menor recelo, acercándose sin vacilación al recién llegado.