La Fuerza de la sangre

La Fuerza de la sangre

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Capítulo XV

Al oeste del río Pecos se extendía una enorme región casi desierta, a excepción del Norte, en donde el Llano Estacado extendía sus traidoras arenas. Esta región era muy fértil, por el Sur, a lo largo del Río Grande. Una línea de ferrocarril atravesaba la región sin desviarse lo más mínimo por espacio de quinientas millas, y los únicos pueblos y aldeas que había en la comarca se hallaban junto a la vía férrea o en sus proximidades. Y a pesar de que aquella parte occidental de Texas estaba desierta o poco menos, y aun conociendo que la región se hallaba bajo el dominio de las bandas de forajidos, poco a poco iban penetrando en ella los colonos. Primero vino el ranchero solitario; luego tuvo ya algunos vecinos en los valles próximos y lejanos; más tarde se organizaron algunas aldeas y, por fin, vino el ferrocarril y se crearon las poblaciones de más importancia. Y seguían llegando colonos, que iban a establecerse cada vez a mayor distancia, en los lejanos valles y en las dilatadas llanuras. Éstas se hallaban cubiertas de mezquites y de cactos, pero aquel rico terreno obraba maravillas en cuanto era objeto de una buena irrigación. Poca hierba había en cada acre, pero éstos podían contarse por millones. El clima era maravilloso, crecía el ganado y prosperaban los rancheros.


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