La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Al oeste del rÃo Pecos se extendÃa una enorme región casi desierta, a excepción del Norte, en donde el Llano Estacado extendÃa sus traidoras arenas. Esta región era muy fértil, por el Sur, a lo largo del RÃo Grande. Una lÃnea de ferrocarril atravesaba la región sin desviarse lo más mÃnimo por espacio de quinientas millas, y los únicos pueblos y aldeas que habÃa en la comarca se hallaban junto a la vÃa férrea o en sus proximidades. Y a pesar de que aquella parte occidental de Texas estaba desierta o poco menos, y aun conociendo que la región se hallaba bajo el dominio de las bandas de forajidos, poco a poco iban penetrando en ella los colonos. Primero vino el ranchero solitario; luego tuvo ya algunos vecinos en los valles próximos y lejanos; más tarde se organizaron algunas aldeas y, por fin, vino el ferrocarril y se crearon las poblaciones de más importancia. Y seguÃan llegando colonos, que iban a establecerse cada vez a mayor distancia, en los lejanos valles y en las dilatadas llanuras. Éstas se hallaban cubiertas de mezquites y de cactos, pero aquel rico terreno obraba maravillas en cuanto era objeto de una buena irrigación. Poca hierba habÃa en cada acre, pero éstos podÃan contarse por millones. El clima era maravilloso, crecÃa el ganado y prosperaban los rancheros.
