La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —Y, ¿por qué tuvo usted el capricho de hacerla venir? —preguntó airado Lawson—. Cometió usted una grave equivocación. Yo he perdido la cabeza por ella. Y será mÃa o me costará la vida. Tenga la seguridad de que, si ella llegase a ser mi mujer, yo recobrarÃa el ánimo y encontrarÃa el modo de salir de esta situación. Desde que llegó no nos ha salido nada a derechas. Además, nuestros hombres parecen estar descontentos. No, Longstreth. Es preciso que esta misma noche quede resuelto todo de una vez.
—Por lo que se refiere a Ray, podemos arreglarlo ahora mismo, si quieres —replicó Longstreth poniéndose en pie—. Ven, vamos a preguntárselo. Asà sabrás a qué atenerte acerca del particular.
Salieron, dejando la puerta abierta. Duane se dejó caer al suelo, para descansar mientras aguardaba. HabrÃale gustado oÃr la respuesta de la señorita Longstreth, pero tuvo que contentarse con adivinarla. Lawson resultaba ser lo que Duane se imaginara, y estaba seguro de que muy en breve podrÃa descubrir que era todavÃa peor.