La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —¿No le matará usted? —imploro—. Si realmente me quiere, ¿procurará no matar a mi padre?
—SÃ. Se lo prometo.
Ella profirió un leve gemido y apoyó la cabeza en la almohada.
Duane abrió la puerta con la mayor cautela, salió al corredor y se dirigió al patio. Una vez estuvo en la oscuridad, donde su ardoroso rostro recibió el fresco soplo del aire, sintió un alivio fÃsico y al mismo tiempo se calmó en parte su agitación espiritual.
La noche era oscura y tormentosa, pero no llovÃa aún. Duane esperó que tan pronto como estuviera lejos del rancho sentirÃa bastante aliviado el dolor que sufrÃa. Pero aun después de encontrarse en pleno campo tenÃa un nudo en la garganta y un dolor indefinible en el pecho. Todas sus ideas estaban concentradas en Ray Longstreth. ¡Qué mujer tan espléndida era! Y tuvo la idea, la vaga esperanza de que quizás, y hasta de un modo seguro en absoluto, existirÃa el medio de salvarla.