La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Poco deseoso de sentarse ante Longstreth y los demás pasajeros del vagón, cambio su asiento por uno situado a espaldas de su detenido. Apenas había cruzado con él la palabra. Longstreth, con la cabeza inclinada, estaba entregado a sus reflexiones. Las jóvenes ocupaban un asienta inmediato y estaban pálidas pero serenas. A veces, el tren se detenía breves instantes en una estación. En la segunda, mitad del viaje, Duane observo una carretera que corría paralela a la vía del ferrocarril, a veces a muy corta distancia y otras bastante más lejos. Cuando el tren llegó a veinte millas de Val Verde, Duane distinguió un grupo de jinetes que avanzaban al trote hacia el Este. Al verlos, sintió que su corazón latía con violencia. ¡La cuadrilla! Creyó reconocer a Poggin y sintió una contracción interior. También diviso a Blossom Kane, al gigante Boldt, cuyo rostro ocultaba una negra barba, al rojizo Panhandle Smith y a Fletcher. Además vio a otro hombre desconocido. ¿Sería Knell? No, no podía ser él.
Duane se inclinó sobre el asiento y tocó el hombro de Longstreth.
—¡Mire! —murmuró.
Pero Cheseldine estaba ya rígido, porque también había visto a aquellos hombres. El tren paso ante ellos con extraordinaria rapidez y la banda de forajidos pareció retroceder, y, al fin, se perdió de vista.