La Herencia del desierto

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Capítulo III

Después de la partida de Dene y sus compañeros, Naab decidió dejar White Sage a la llegada de la noche. Martín Cole y los hijos del Obispo trataron de persuadirle a que se quedase, arguyendo que la pelea que, de fijo, iba a producirse, ofrecería menos peligros en el pueblo que en el camino. Naab, sin embargo, se mostró obstinado, irreflexivamente, a juicio de Cole, a menos que tuviera razones especialísimas que le obligaran a marchar durante la noche. Cuando cerró el crepúsculo, ya Naab tenía enganchados los caballos, y a las mujeres metidas en las carretas. Hare iría en el carro descubierto, que Naab había dejado en White Sage para cargarlo de grano. Cuando se había hecho ya tan oscuro que los objetos eran apenas perceptibles, un hombre saltó por encima de la cerca que rodeaba la cabaña.

—Dave, ¿dónde están los muchachos? —le preguntó Naab.

—¡No tan alto! Ahí vienen —replicó Dave cuchicheando—. Dene está furioso. Creo que le ha roto usted un hueso del brazo. Jura que nos va a matar a todos. Pero Chance y el resto de la partida no llegarán hasta más tarde. Tenemos tiempo de alcanzar el camino del Coconina, si nos damos prisa.

—¿Hay noticias de Snap?

—Se marchó antes de la puesta del sol.

Tres figuras más surgieron de la oscuridad.


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