La HeroÃna de Fort Henry
La HeroÃna de Fort Henry —Buenos dÃas, Harry. ¿Adónde vas tan temprano? —preguntó Betty desde la puerta de su casa a un muchacho que pasaba por delante de ella con un rifle más grande que él mismo.
—Muy buenos dÃas, Betty; me llego hasta el riachuelo a ver si encuentro aquel pavo que se oye cantar —con-testó aquél sonriendo cariñosamente y parándose un momento junto a la puerta de Betty.
—¡Hola, Harry Bennet! —exclamó el coronel asomándose—. A la caza de algún pavo, ¿verdad? Le he oÃdo cantar algunas mañanas y me parece que tiene que ser un pavo muy rollizo; mira, aquà viene Wetzel; de seguro que tendrás un buen compañero.
—Buenos dÃas, Lew —le dijo Betty—. ¿También vas a la caza del pavo?
—¡Atención! —exclamó el cazador parándose de repente.
Todos permanecieron silenciosos escuchando atentamente. El silencio más apacible reinaba por todos aquellos contornos, sólo interrumpido por el sonido leve de la esquila de una vaca que pacÃa tranquilamente en el prado, cerca de la casa del coronel. De pronto un canto estridente rompió aquel silencio.
—Chec-ey-lec, chec-ey-lec, chec-ey-lec.
—¡Pues vaya si es un pavo! ¡Y un señor pavo! —dijo el coronel Zane cuando el canto terminó.
—¿Lo ha oÃdo Jonathan? —preguntó Wetzel.
