La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry Para la mayor parte de los cazadores y exploradores de su época, la guerra contra los indios era una cosa secundaria, y si se quiere, precisa muchas veces; pero para Wetzel era el fin principal de su vida. No pensaba más que en matar indios. Se lanzaba atrevido a la guerra con ellos y nunca se sentía mejor que cuando recorría las selvas solitarias persiguiendo a los pieles rojas hasta sus propias viviendas, o bien emboscado cerca de las sendas que conducían a sus poblados, como un león al acecho de su víctima. A menudo, por la madrugada, los indios dormidos alrededor de una hoguera despertaban sobresaltados por un grito terrible; se incorporaban un momento y caían al instante, víctimas del tomahawk de su enemigo irreconciliable o bien para oír silbar una bala de su rifle y ver, sólo por un instante, una figura con largo pelo negro que desaparecía con vertiginosa velocidad en la espesura del bosque. Wetzel dejaba siempre la muerte por doquiera; se alejaba antes de que el eco de su grito demoníaco hubiera dejado de resonar en la selva; y aunque a menudo se vio perseguido, siempre conseguía escapar de la persecución de los indios, ya que era el más veloz corredor de la frontera.
Durante largos años fue considerado el brazo derecho de la defensa del fuerte, y el simple hecho de que se supiera que él estaba en una colonia había impedido más de una vez que ésta se viera atacada, ya que los pieles rojas le tenían un miedo supersticioso.