La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry La casa del coronel Zane, un edificio de dos pisos construido con troncos de árbol descortezados, era la que reunía más comodidades de la colonia y ocupaba un pequeño promontorio al lado de la colina, a unos cien metros del fuerte. Su construcción era recia y, con sus esquinas cuadradas, sus amenazadoras troneras y sus puertas y ventanas fuertemente barradas, ofrecía un aspecto imponente. La planta baja estaba dividida en tres dependencias: la cocina, el almacén para provisiones militares y un gran departamento para usos generales, del cual partía una escalera muy derecha que conducía a los dormitorios, situados en el piso primero.
De ordinario, las viviendas de los colonizadores no ofrecían decorado de ninguna clase: las paredes, desnudas; una o dos camas, algunas sillas, una mesa… en fin, lo más necesario para vivir. Pero la casa del coronel Zane constituía una excepción. Lo más interesante era el cuarto grande las rendijas de entre los leños habían sido revocadas con arcilla; y de las paredes, recubiertas con blanca corteza de abedul, colgaban trofeos de caza, arcos indios, flechas, pipas y tomahawks[3]. Los anchos mogotes de un noble ciervo decoraban la repisa de la chimenea; pieles de búfalo cubrían los camastros y grandes mantas de piel de oso ya cían dispersas por el suelo enmaderado. La pared del oeste de la habitación fue construida sobre una inmensa roca en la cual había sido excavado el hogar.