La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry A Isaac le dolía tanto la cabeza que después de satisfacer su hambre y su sed no tuvo ánimo de hacer nada más que cerrar los ojos y recostarse contra el tronco del árbol que tenía a la espalda. Sumergido en los recuerdos de su hogar, que ya no volvería a ver, permaneció más de una hora sin hacer el más leve movimiento; hasta que las exclamaciones guturales de los indios vinieron a sacarle de sus meditaciones. Abrió los ojos y vio a «Cuervo» y a otro indio entrar en la cañada, conduciendo o casi llevando en brazos a otro piel roja. Le condujeron hasta el leño, en donde se sentó trabajosamente, sosteniendo una mano sobre su pecho. Era un magnífico ejemplar de indio en la edad viril; casi un gigante de estatura y de anchas espaldas. El aderezo de su cabeza y los anillos de oro que rodeaban su brazo musculoso indicaban que se trataba de un poderoso jefe. Llevaba siete plumas de águila en la cabeza, que representaban siete guerreros muertos por él en batalla; pequeñas agujas de madera pintadas de diversos colores, entrelazadas con su pelo, negro como el azabache, indicaban las veces que había sido herido de bala, o de cuchillo, o de tomahawk. En su rostro tranquilo no aparecía ningún signo que revelara su sufrimiento, y miraba al fuego mientras desataba calmosamente su cinto que sostenía el tomahawk y el cuchillo. Los otros levantaron sus armas delante de él y describieron un círculo en el aire por tres veces; después fueron bajándolas hasta tocar el suelo en señal de que su trabajo sobre la tierra había llegado al fin.