La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry Al dar la vuelta a otro remanso, un ruido parecido al de la tempestad que se acerca empujada por el viento rompió violentamente aquel silencio. La corriente se estrechó de súbito, el agua corrió más ligera, las orillas rocosas iban alcanzando mayor altura. Cuervo se levantó y miró a lo lejos; luego volvió a arrodillarse y gobernó la canoa hacia el centro de la corriente. El ruido se hizo ensordecedor. Volviéndose hacia la proa, Isaac vio que estaban entrando en una oscura garganta. Un instante después la canoa se balanceó sobre una catarata y atravesó vertiginosamente entre dos agudos promontorios rocosos. Aquellas paredes, por entre las cuales se deslizaba ahora la canoa, se levantaban casi perpendicularmente hasta dos mil pies de altura; el espacio que quedaba entre ellas era apenas de veinte pies de ancho y el agua, al precipitarse locamente a través de aquel estrecho paraje, levantaba un ruido atronador. Hacia el centro, las aguas volvían a correr tranquilas como una centelleante cinta de cristal encantado, bordeada de espumeantes olas que se despedazaban contra sus límites de piedra.