La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry El invierno transcurría para Betty sin nada de extraordinario. De un carácter completamente distinto del de las otras muchachas de la colonia, que empleaban su tiempo en remendar la ropa, tejer el lienzo y hacer los quehaceres de la casa. Betty no se distraía con nada sino con sus bordados o con sus lecturas, y aun esto era bastante aburrido para ella en muchas ocasiones. Su criada la quería mucho y nunca la dejaba nada por hacer. Era la hija del viejo Sam y había servido a Betty desde su niñez. La limpieza, el zurcido… cualquier trabajo que hubiese podido distraer a Betty estaba siempre listo antes de que ella hubiese podido pensar en dedicarse a él.
Se pasaba una gran parte del día en su cuarto, y muchas de sus horas soñando detrás de la ventana. Lydia y Alicia iban alguna vez a verla y a darle algún buen rato con su ligera charla, alegre y chistosa; con sus ruidosas risotadas, con sus ilusiones y sus historias de héroes y de amor, el eterno asunto de las muchachas, en las cuales no olvidaban al señor Clarke. Pero viendo que Betty se molestaba seriamente con aquel tema, dejaron sus chistes sobre aquel muchacho para hacer objeto de sus bromas al señor Miller.
