La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry Al día siguiente por la tarde, el sol brillaba con todo su esplendor, la suave fragancia de la corteza de las encinas perfumaba el ambiente y los pajarillos entonaban sus dulces melodías. La escena que se ofrecía delante del viejo fuerte, cubierto de cicatrices que recibiera en las batallas, era pintoresca en extremo. Las cabañas de los colonos, cubiertas de verdes parrales, mejor parecían pintadas en un cuadro que hechas de verdad para servir de habitación a aquellas gentes. Al fondo se levantaba el viejo molino con el techo consumido por el fuego en recuerdo de los pieles rojas, con su gran rueda, ahora silenciosa e inmóvil.
En la cima de un pequeño promontorio cubierto de aterciopelada hierba estaban sentados Isaac y su novia Myeerah. Él había elegido aquel lugar porque desde allí se dominaba la amplia extensión de terreno en donde tendrían lugar las carreras y los concursos. Numerosas mujeres se habían situado en su derredor dirigiendo indiscretas miradas a la novia y cuchicheando sobre su cutis blanco, sus manos pequeñas o sobre su portentosa belleza. Las más jóvenes les miraban embobadas mientras los chiquillos correteaban por entre los grupos, jugando y embistiéndose y levantando un griterío ensordecedor. Era aquél un día de gran fiesta y toda la gente de la colonia, hombres, mujeres y niños, se había reunido en la verde llanura.
