La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry Un silencio profundo reinó entre los reunidos después de aquella exclamación, mientras todas las miradas se dirigían al recién llegado. Bien merecía tan detenida atención. Entró en la habitación, apoyó su largo rifle en la repisa de la chimenea y alargó sus manos al fuego. Iba vestido, de pies a la cabeza, de piel de ante, rayada y bordada de cuentas, la cual presentaba inequívocas señales de una prolongada y ardua marcha a pie, ya que estaba rasgada por diversos sitios, húmeda por todas partes q cubierta de barro. Era una magnífica figura de seis pies de alto y que se mantenía erguida como una flecha. Sus anchas espaldas y sus musculosos aunque no pesados miembros denotaban una maravillosa fuerza y agilidad. Su largo cabello, negro como el ala de un cuervo, colgaba hasta sus hombros. Después de unos momentos, el recién llegado se volvió y, la luz brilló sobre un rostro extraordinario, tan sereno, tan frío, tan rígido que parecía esculpido en mármol; pero lo más sorprendente de sus facciones era su extraordinaria palidez, la cual hacía resaltar todavía más aquellos ojos negros como el carbón y penetrantes como la punta de un puñal.
—¡Si traes malas noticias —gritó el coronel Zane, impaciente—, desembúchalas en buena hora!