Lluvia de oro
Lluvia de oro Una espolada lanzo a Sol a cortarle el paso. Diablo iba a galope tendido, pero la distancia y el ángulo favorecían al otro. El raider no llevaba carabina, sino un revolver a punto de hacer fuego, siguiendo los movimientos de su corcel con sin igual maestría. Gale vio como Ladd se inclinaba, depositando su rifle en la arena, resuelto a no correr el riesgo de herir al preferido de Belding.
Dick contemplaba arrobado el sin igual espectáculo. Blanco Diablo galopaba tendido, veloz como un antílope, fiero y terrible, justificando Su reputación de caballo de guerra, de sangre y de muerte. Parecía invencible, pero nacía la duda al ver a Blanco Sol; Gale estaba tan fascinado que ni por un instante pensó en hacer fuego contra el raider, a pesar de tenerle a tiro fácilmente. La distancia se acorto, evidenciando que el bandido no conseguiría su propósito. El raider, al darse cuenta de ello, torció a la izquierda, vaciando su revólver durante la variación. Tan próximo estaba a Dick, que este pudo distinguir sus cetrinas facciones al pasar.
La carrera modifico su curso siguiendo en línea recta hacia la parte superior del valle. Diablo estaba fresco y Sol cansado; ésa era la realidad.
El trecho entre Diablo y Sol fue reduciéndose yarda a yarda. El raider espoleaba y fustigaba a su montura, tendiéndose en la silla para disparar o manteniéndose encorvado, casi tocando el cuello de Diablo.