Lluvia de oro
Lluvia de oro A primeras horas de la mañana, Gale, buscando soledad para poder rumiar sus cavilaciones, se alejó del rancho. No era tarea fácil eludir al yaqui, y apenas habÃa hallado lo que creyó un refugio cuando apareció el indio, silencioso y misterioso como siempre.
—¡Malo! —dijo con profunda voz.
—SÃ, yaqui, sÃ; malo, ¡muy malo! —replicó Gale.
HabÃan enterado al indio de las pérdidas sufridas por Belding.
—Ven conmigo… —dijo señalando con impresionante expresión hacia las opalinas «Montañas Sin Nombre».
ParecÃa el de siempre, pero una simple ojeada convenció a Dick de que un extraño y nuevo poder le animaba.
—¿Por qué quiere mi hermano llevarme a las montañas: que nadie sabe nombrar? —preguntó.
—¡Lluvia de oro! —replicó el yaqui levantándose y haciendo signos cuya interpretación fue difÃcil para Dick.
