Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto Por fin llegó la hora de que Adán, una hermosa mañana del mes de abril, sacase sus burros al desierto para dirigirse hacia el rÃo Amargosa. No volvió la mirada atrás. Tecopah no se olvidarÃa tan pronto de Wansfeld, pensó Adán frunciendo el ceño.
El desierto le llamaba con su lenguaje peculiar. Si Adán Larey, o Wansfeld, el caminante del desierto (nombre con el cual a veces se identificaba hasta olvidar el suyo verdadero), tenÃa algún hogar, se hallaba en las grandes soledades de los espacios abiertos, bajo la ardiente luz del sol o el estrellado firmamento nocturno.
