Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto Cuando Adán terminó de cargar su equipaje sobre los burros, el crepúsculo iba a adquiriendo matices rojos en las grandes hendiduras de la montaña. Después de llenar sus cántaros, emprendió el descenso al valle, precedido de los animales. No miró atrás. Sintió que la gris oscuridad iba cerrándose sobre el escenario de la tragedia.
Al llegar a la abertura sobre el valle, vio que en éste perduraba la luz crepuscular con más claridad. El intenso calor, el extraño reflejo de las arenas, la singular luz gris del valle, dijeron a Adán que los vientos de fuego soplarÃan antes de que pudiera llegar a su destino. Sin embargo, celebró tener que realizar algún esfuerzo fÃsico, por grande que fuese, para poder olvidar.
