Meseta negra
Meseta negra —Pues seré pronto un cadáver, si no actúas de prisa —respondió el vaquero, burlonamente. De repente, su humor se ensombreció—. Tengo que mostrarte algo más que no te gustará tanto. ¿Puedes salir de esa condenada cama?
—Bueno, estoy entumecido y cansado, pero creo que podré. ¿Se trata de Louise?
—No. Volveré en seguida.
Paul, preguntándose de qué podÃa tratarse, terminó de engullir su desayuno. Wess regresó en su busca y los dos se dirigieron a los corrales. El vaquero no se mostró comunicativo.
Meseta Negra se alzaba osadamente y de manera ominosa bajo un cielo raso y resplandeciente. Las rocas negras de la altura brillaban como después de llover. Por todas partes, las consecuencias de la tormenta eran palpables en las diminutas dumas de arena dejadas por el viento. En otra ocasión, volarÃan de allà y el contorno del paisaje volverÃa a cambiar.