Meseta negra
Meseta negra Wess se quedó a la puerta, a la escucha. Paul apenas necesitó más de un minuto para estar a su lado. Salieron juntos. Una lima evanescente flotaba de manera extraña sobre la oscura mesa. La noche derivaba ya hacia las horas de la madrugada. Wess condujo a su amigo fuera del enlosado, hacia el terreno blando, donde los pasos no hacÃan el menor ruido. Al llegar a cierto punto lejos del puesto, susurró:
—Llevo algún tiempo levantado. Se trata de otro de los misteriosos carromatos que vienen del otro lado del rÃo. Y estaba a punto de acercarme allà cuando he visto a un indio. Esto no era extraño, pero ese individuo iba hacia mi tienda. Era Taddy.
—¿Taddy? —repitió Paul, asombrado—. ¿Qué quiere? Supongo que Natasha no...
—Está bien. Ahora, los dos se hallan en el Segi. Pero aquà está Taddy. Que hable él.
El delgado indio salió de debajo de las sombras de un cedro, junto a la tienda del vaquero. Llevaba un látigo en la mano.
—Hola, jefe.
—Hola, Taddy. ¿Qué te trae por aqu�