Meseta negra
Meseta negra —Palmo a palmo. Y un atajo.
—Bien, hay un ribazo en la parte norte, donde se abre un cañón. El campamento se halla a la vista de la pared rojiza de ese cañón. No puede equivocarse.
—Iré allá mañana. Nada más. Incidente concluido. ¿Entendido?
—Entendido Belmont. Y a menos que nos veamos acusados, guardaremos silencio —replicó Paul con gravedad.
—De acuerdo, Belmont, pero no consigo este súbito interés suyo —observó el vaquero con manifiesto sarcasmo.
—No quiero que se sepa esta nueva —gruñó el comerciante.
—Hum... Bien, mi jefe y yo ya lo hemos olvidado por completo. Yo estaba limpiando mi pistola y se me disparó de forma accidental. ¿No es as�
—Exacto, esto es lo que tiene que decirle al doctor. Nosotros podrÃamos cuidarle esta herida, pero si se infectase y llamáramos entonces al médico, la historia resultarÃa algo rara. PodrÃa excitar su curiosidad.
—Y nosotros no queremos ninguna curiosidad en nuestros negocios, claro.
El comerciante salió y mientras Paul se sentaba al borde del camastro de Wess, se oyeron los cascos de unos caballos.
—Amigo, ese tipo no quiere aclararse en absoluto —comentó el vaquero finalmente.