Meseta negra
Meseta negra —Seguro. HabrÃa llegado antes pero se me clavó un cactus en un pie.
—Disparé contra un indio que merodeaba por aquÃ. Creo que ha huido.
—No me diga... Vaya lugar bonito para vivir éste de Aguas Amargas.
—Es un buen sitio para largarse —replicó Belmont, significativamente.
—Exacto. Pero me pregunto si ese merodeador indio no será el tipo de la carreta.
La inspiración del vaquero procedÃa del ruido del pesado vehÃculo al ponerse en marcha por el sendero. Paul observó que Belmont hacÃa un gesto apasionado. Estuvo un momento callado y quieto como un halcón, escuchando el rumor de las ruedas de la carreta que se alejaba.
—Belmont, creo que ese fulano ha pasado cerca de mi tienda —continuó Wess con tono de curiosidad—. SÃ, se arrastró por allÃ. ¿Qué es lo que pasa?
—Sé tanto como usted —repuso el comerciante tercamente—. Con toda seguridad, se trata de dos carromatos.
—Hum... El que se ha ido hacia el norte, vino del mismo sitio —objetó el vaquero.
—Kintell, parece usted muy interesado en lo que ocurre en este lugar —manifestó Belmont con acento helado.
—Seguro, porque todo este lugar me parece muy raro.