Nevada
Nevada Tres dÃas más tarde, la familia Ide hallábase en el porche delantero de su casa viendo cómo se alejaba por, el sendero, hacia la carretera, un carruaje con un soberbio tronco de caballos. Iban en el vehÃculo el procurador de Ben y un representante del Sindicato de Oregón. Ben sostenÃa en la mano un cheque certificado, producto de la venta de las tierras fértiles de su hacienda. Además, habÃa con venido entregar la propiedad antes del primero de septiembre.
—¡Cielos! ¡Con qué rapidez ha pasado todo! —exclamó respirando con fuerza—. ¡Ina…, Hettie!… Ya no tenemos hogar.
—Ben, si te duele irte de este rancho, ¿qué sentirás al renunciar a RÃo Perdido? —preguntó Hettie.
—RÃo Perdido sigue siendo mÃo, no lo vendo —declaró Ben con ligero estremecimiento—. Y eso me recuerda que debo ir allÃ.
—Yo iré contigo —dijo Hettie.
—Yo también —añadió Ina.
—La verdad, prefiero ir solo —repuso Ben.
—No te molestaremos en tu dolor, querido Bennie —dijo Ina.
