Nevada
Nevada La expedición Ide terminó a fines del mes de julio. Los expedicionarios hallábanse cómodamente acampados a orillas de un riachuelo en un bosquecillo de álamos en la aldea de Sunshine, en el Estado de Arizona. Ben había obtenido permiso para apacentar sus caballos en una hacienda vecina, y mientras los, suyos descansaban de las fatigas del largo viaje, él recorrió la región en busca de un nuevo hogar.
Hettie no había visto nunca a nadie tan ardoroso y diligente como su hermano en busca de un rancho en aquel asombroso y fértil Estado de Arizona. Su febril actividad, su alegría se reflejaba en todo. Mas, por otra parte, resultó que tropezaba con dificultades para hallar un lugar que le conviniese.
—Deseo cosa de mil acres o más, cinco mil, si puedo obtenerlos —dijo—. Lo más importante es que tenga agua buena. Después, que el terreno esté cubierto con hierba y árboles. Además necesito un buen sitio para la casa, desde la cual quiero gozar de un panorama hermoso.
—Oiga usted, mi amo, no pide usted nada —declaró con sarcasmo el viejo Raidy—. Todo eso no lo va usted a encontrar en este desdichado país.
