Nevada
Nevada Winthrop, lo mismo que muchas otras ciudades del Oeste, contaba con mayor número de casas de bebidas y juego que de establecimientos de comercio. De la vasta región en que estaba enclavada acudía mucha gente y además de los mil vaqueros y ganaderos, había, por lo menos, igual número de parásitos que vivían en aquéllos, desde el rico propietario de la casa de juego, que ostentaba botonadura de diamantes en la camisa, y el jugador que vestía levita, con todos sus abigarrados socios, hasta el ladrón de ganado que vivía oculto en las «Quebradas» y el pequeño propietario que ponía su marca a tantos becerros ajenos como criaba en su propiedad.
Una vez al mes, por lo menos, los hombres del campo visitaban la ciudad, para echar una cana al aire y andar de parranda. Estas costumbres eran tan regulares como el trabajo de cuidar del ganado.
