Nevada
Nevada Hettie volvió en sà antes de tener fuerzas para abrir los ojos. Hallábase echada y alguien le sostenÃa la cabeza. No taba que le habÃan humedecido el rostro con agua frÃa, porque la sentÃa escurrirse por el cuello.
—Es la señorita Ide —decÃa alguien—. Se ha desmayado. Ha caÃdo al suelo aquà mismo.
—No es extraño —repuso una mujer—. Yo misma me siento aún débil y mareada. ¿No serÃa mejor llamar a un médico?
Entonces abrió Hettie los ojos, diciendo con voz débil:
—Ya estoy… bien.
Estaba echada sobre el asiento, bajo la ventana, junto a la puerta, y el empleado le sostenÃa la cabeza. A su alrededor habÃan varias personas, entre ellas una mujer.
—Ya ha vuelto en sÃ.
El torbellino que se habÃa producido en su cerebro se calmó, y Hettie pudo pensar claramente.
—¿Está mi hermano aqu�, —fue su primera pregunta, tratando, al mismo tiempo, de incorporarse.
Con la ayuda del empleado logró sentarse y poner los pies en el suelo.
—No —fue la respuesta.
—Es la primera vez… en mi vida… que me desmayo —dijo ella.
